EL HÁBITO DE LAVARSE LAS MANOS

EL HÁBITO DE LAVARSE LAS MANOS

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La importancia de la higiene de manos en nuestra vida cotidiana

Resulta hasta un poco increíble que hace tan sólo unos 170 años, en 1847, un médico húngaro llamado Semmelweis se percatase de que un simple lavado de manos antes de asistir a sus pacientes, era de vital importancia para evitar la muerte de gran parte de las mujeres que daban a luz en su hospital.

Quizás a alguien incluso le parezca propio de una sociedad bastante atrasada que algo que consideramos una obviedad a día de hoy, una correcta higiene de manos, no fue aceptada en un principio por los médicos de la época, que apartaron a Semmelweis de su cargo y continuaron con sus prácticas habituales, con sus idas y venidas entre la sala de autopsias y la sala donde intervenían a otros pacientes que hasta el momento no presentaban ningún tipo de infección.

A pesar de que logró reducir la mortalidad de las mujeres en el parto de un 26 % a poco más de un 1 %, Semmelweis fue despedido y menospreciado por sus colegas de profesión y terminó su vida en un hospital psiquiátrico, enloquecido, con la amargura de no ver suficientemente aceptado su salvador hallazgo. Más tarde Louis Pasteur, demostró con su “teoría germinal de las enfermedades infecciosas” (1878) que los causantes de las enfermedades eran unos pequeños microorganismos que no podemos ver a simple vista y contra los que tenemos que adoptar medidas.

Ahora, pensando en estas cosas que ni siquiera se planteaban nuestros bisabuelos o tatarabuelos, ¿cuántas cosas tocamos a lo largo del día? Tocamos billetes, monedas, manivelas de puertas, pulsadores de ascensores, asideros de autobús y metro, aseos públicos y un largo etcétera. ¿Y nuestros hijos? Los más pequeños están expuestos también a una gran cantidad de microorganismos que forman parte de nuestra vida cotidiana.

Los niños disfrutan experimentando y jugando, les gusta tocar y compartir. Por este motivo, es importante infundirles el hábito de lavarse las manos con jabón, sobre todo, después de usar el baño y antes de ingerir alimentos. Los niños pueden ser partícipes de este cambio, haciendo suyos y compartiendo los buenos hábitos para una correcta higiene de manos.

No obstante, ¿debemos obsesionarnos con esta higiene de manos? ¿Hacer que los niños se laven las manos a todas horas? ¿Debemos evitar que jueguen en el parque o que compartan sus juguetes con amigos y compañeros de diversión?

El comentario a estas cuestiones tendrá lugar en la próxima entrada en este blog. ¡Hasta pronto!

Bibliografía/webgrafía:

Laín Entralgo, P. Historia de la medicina. Salvat Editores, 1978.

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